Yachay Chhalaku

Teníamos cita a las 14.30 con Elizabeth y Gabriela, parte del equipo Yachay Chhalaku, una ONG que trabaja con las comunidades rurales del municipio de Sacaba. Yachay Chhalaku significa en quechua “intercambio de saberes”. 


La ONG nació en 2002 en respuesta a las problemáticas que sufrían sus habitantes, y desde entonces vienen trabajando codo a codo con ellos para lograr su misión principal: empoderar a las mujeres y hombres de las comunidades campesino-indígena, mediante el desarrollo y la implementación de propuestas educativas de calidad que promuevan la equidad de género.  

Los tres ejes principales que trabaja la ONG son educación, fortalecimiento de la organización de las mujeres (empoderamiento) y salud. En este último punto son campañas esporádicas, como por ejemplo atención dental a personas que no tienen acceso a este tipo de prestaciones.

El reloj dio las 14.30 y ahí estaba, esperándonos, Elizabeth -una mujer de 38 años, con cabellos negros enrulados y una voz tan dulce y pausada que hizo que me sintiera cómoda al instante. Junto a ella, Gabriela, la otra integrante del equipo – una chica de 26 años, con una sonrisa compradora. Pasamos un patio y entramos a una sala, con una mesa blanca de plástico cubierta por un aguayo marrón, y dos flyers gigantes que nos anticipaban un poco el trabajo de la ONG. Al costado, una vitrina llena de folletos, cuadernillos y libritos, que más tarde Eli me entregaría y dejaría fotografiar.

Elizabeth se lanzó rápidamente a contarnos sobre los trabajos que realizan y detalló los dos proyectos que tienen en ejecución en este momento: Vivir bien” y Formación técnica de los bachilleres en la zona rural. 

Para el segundo de los proyectos, se trabaja con los chicos de los tres últimos años de secundaria en dos opciones, que ellos eligen: transformación de alimentos o gestión en turismo comunitario. Lo que hace la ONG es una armonización con el plan curricular, trabajando en conjunto con los profesores. 

Además, en estos colegios trabajan con los chicos de tercer año en ciudadanía activa: sus derechos, la parte integral de la persona, cuestiones de géneros, entre otros.

Vivir mejor, el primer proyecto, surgió como respuesta a las problemáticas de género que viven las mujeres en las comunidades rurales. Eli asegura que en estas comunidades hay mucho machismo. E insiste: “Mucho”. 

Es en ese momento en el que Gabriela me aclara que las mujeres de la ciudad están un poco más empoderadas, aunque – por lo que detallan más adelante – todavía falta un largo camino. 

En el proyecto se forma a “promotoras comunitarias”, reguladas en la Ley 348 “Ley Integral para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia”, que son quienes después dan las charlas y talleres en las comunidades. 

El proyecto ya ha formado a 46 promotoras, de las cuales 24 están activas. Esta baja en el número se debe, principalmente, a que las mismas no son reconocidas monetariamente, hecho que está respaldado legalmente, y que no hace más que reproducir violencia económica, una contradicción grave. 

Las promotoras tienen la tarea de prevención y detección de casos de violencia, atención de casos y derivación a la ONG. También deben dar aviso a la policía en casos graves y urgentes.

Para poder dar la charla, las promotoras tienen que pedir permiso al presidente de las comunidades, que siempre es un hombre, primer obstáculo. El segundo, suelen ser las mismas mujeres las que critican a sus vecinas por participar de estas charlas, entonces esto disminuye el porcentaje de participación.  

Las promotoras son siempre mujeres que han sufrido violencia machista previamente, entonces comentan sus experiencias y cómo han logrado revertir esas situaciones y alejarse de estas relaciones enfermizas. Además, charlan sobre la Ley 348, explicando los 16 casos de violencia que la ley regula, y que a veces algunas mujeres no la consideran como tal, como la violencia verbal. Para continuar con el tejido de esta red, brindan mucho material para trabajar, que la misma ONG elabora como cuadernillos de trabajo. 

Uno de los folletos

El empoderamiento también es económico, ya que uno de los principales puntos en esta disparidad de género es que las mujeres dependen económicamente de sus maridos. Para ello, la ONG dicta talleres de 18 emprendimientos: desde repostería, transformación de leche, transformación de frutas, huertas familiares y producción orgánica, hasta formación de guías turísticas. El único requisito de la ONG, para contribuir en estos emprendimientos y brindar el soporte técnico, es que las mujeres deben estar asociadas, ya que no apoyan las individualidades.

Cuando les pregunto cuál es el rol económico de la mujer, Eli que es quien principalmente habla, me dice que los dos únicos roles de las mujeres de estas comunidades son el doméstico y el informal (venta de alimentos u otras mercancías en la calle). Y los roles, nos explica, están bien marcados. El hombre es quien debe trabajar y traer el dinero al hogar y la mujer ocuparse de los chicos, no existe el trabajo en conjunto. 

Esta dependencia económica es consecuencia -entre otras cosas- por el analfabetismo de estas mujeres. Cuando les pregunto si tienen algún proyecto de alfabetización, Eli me dice que por ahora no. Creo que es urgente un programa de este tipo, ya que -desde mi opinión- ninguna persona analfabeta puede ser independiente. Pero entiendo, al mismo tiempo, que este tipo de problemáticas es inabarcable para una ONG.

En cuanto al cuidado de los hijos, charlamos sobre una observación que vengo haciendo a lo largo de mi estadía en Bolivia, no he visto a un solo padre cargando a un hijo, si en las ciudades padres con sus hijos de la mano. Pero siempre las mujeres de pollera (como se llaman a las mujeres de las comunidades) son quienes en sus aguayos cargan a las wáwas (bebés o niños pequeños). Entonces Eli me explica, que si un hombre carga a sus hijos en estas comunidades es acusado de maricón. 

Dentro de las capacitaciones, también se dan charlas a los hombres, pero como ha sido tan difícil que las promotoras capacitaran sin ser interrumpidas o que los hombres accedieran a las mismas, es que la ONG ha decidido también capacitar a promotores comunitarios. 

Una campaña que llevaron adelante y que tuvo mucho éxito fue la de “vacunación contra generadores de violencia” (tales como celos, ira e intolerancia), una vacunación simbólica con miel de caña o de abeja. “Hasta el alcalde se vacunó” nos dice riéndose Elizabeth. Me pregunto, cuánto alcance tienen estas acciones, si este tipo de campaña es suficiente para revertir lo que ocurre en la cotidianidad de los hogares. 

Para cerrar la charla nos comentan sobre el Turismo Comunitario que han desarrollado en la zona, logrando que las comunidades aprendan a ver los potenciales turísticos que tienen las tierras en las que viven y como explotarlas desde ese lado.  El trabajo en conjunto con las comunidades ha dado como resultado desde actividades como tirolesa, paseos en gomones hasta pozas de sanación. Y nos muestran un hermoso vídeo que han hecho sobre este proyecto.

La ONG tiene en marcha varios proyectos, pero la falta de financiamiento es un obstáculo para llevarlos a cabo. Nuevos donantes que quieran formar parte de este trabajo, en búsqueda de equidad e igualdad, son siempre bienvenidos.

Junto a Gabriela y Elizabeth

Fue una experiencia super gratificante conocer la ONG y poder enterarme de los proyectos que están desarrollando y que tienen pensados para un futuro. Creo que el trabajo que hacen, en pos de lograr el empoderamiento de estas comunidades rurales, es más que loable. Compartir esta charla con Elizabeth y Gabriela me ayudó para visualizar las problemáticas de estas comunidades que de otra forma no hubiera logrado ver, y a confirmar algunas observaciones que venía haciendo durante mi viaje por Bolivia.  Considero necesario que, de alguna forma, se logre la formalización de las promotoras.

La página oficial de la ONG es: http://www.yachay.org.bo/es/inicio

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