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De Pucallpa a Iquitos: La aventura (Parte I)

Esta es una trilogía donde cuento mi experiencia arriba de un barco durante cinco noches. Los datos están en la última parte.

¿Por qué la selva?

Después de Huaraz, estaba convencida que quería conocer la zona pintada de verde en el mapa peruano. Perú tiene tres zonas bien definidas, su gente las anuncia con gran orgullo: sierra, selva y costa. No conocer una de ellas me hace sentir que no conocí el país completo, que me iría teniendo una versión parcial del país.

Y Perú tiene mucha selva para conocer, pero cuando leí que a Iquitos (la sexta ciudad más poblada de Perú) solo se podía llegar por vía aérea o fluvial, me pareció la mejor excusa para ir. Habíamos tenido una oportunidad fluvial frustrada en Bolivia, donde queríamos unir Puerto Villaroel con Trinidad, pero cuando llegamos al puerto, con las mochilas en los hombros, nos dijeron que el barco no salía hasta noviembre –por la falta de agua en el río-, y nos quedamos con las ganas de unir dos puntos, en barco.

Le tengo mucho miedo a los bichos, del tipo que sean. Desde que viví en Australia y me caminó una cucaracha por la frente tengo pánico a esos seres vivos desagradables. También desde que me desperté una mañana en Forster y tenía una tarántula encima, a las arañas más chicas no les tengo miedo. Pero creo que lo importante de los miedos es enfrentarlos. La selva me pareció el mejor escenario para hacerle frente a los mismos.

Ir a la selva con el objetivo de poner a prueba mis capacidades. Sobrevivir en un hábitat muy diferente al mío. Soy chica de departamento y de ciudad. Cuando era niña el único contacto con los animales que tenía era el zoológico. Quizás mi miedo es a lo desconocido. La selva es ante todo, salir totalmente de la zona de confort. Ver que puedo y que no logro hacer con eso.

Otra causa era que quería conocer a una comunidad nativa de la zona. Iquitos cuenta con veintiocho comunidades nativas. Algunas tienen cierta tecnología de zonas más globalizadas. Pero otras, las más apartadas, viven totalmente desconectados y como si el resto del mundo no existeriera. Llegar a estas últimas no es nada fácil. No se dejan ver. Es como encontrar a un leopardo en los montes cordobeses. De estas comunidades quedan muy pocas en el mundo. Son las que todavía andan con el taparrabos.

Desconectarme de la tecnología, Instagram, el celular y todas sus apps. Y esta fue una de las causas más fuertes a la hora de elegir el barco. Desde que salí de viaje pocas han sido las veces que estuve  100 % desconectada. Y noto que pierdo mucho mi capacidad creativa cuando paso tanto tiempo frente a una pantalla.

Conocer la famosa comida selvática, de la que todos me hablan desde que entré al país. Perú tiene una oferta gastronómica inimaginable. Ya había estado por estas tierras hace unos cuatro años, cuando volví a Argentina nada tenía gusto ni sabor. Porque Perú es un manjar y se puede comer bien en cualquier lugar y por cualquier precio. No hace falta sentarse en un restaurante para degustar un buen plato. Y todos nos hablaban de la comida de la selva, que –como cada región- tiene sus platos típicos. Ya en Tingo María, la “Puerta de la Selva”, comimos Patarashca que generó una explosión de sabor en mi boca. Pescado envuelto en hojas, puesto a la parrilla, acompañado de plátano machucado. Pero lo mejor vino cuando probé la famosa cecina en la Restinga (una playa junto al río de Pucallpa), cerdo ahumado.

Iquitos, particularmente, porque me parece fascinante que sea la sexta ciudad más poblada del país aun estando desconectada terrestremente. Conocer su historia, cómo era en el pasado, cuánta gente la habitaba, cuántos migraron de la selva a la ciudad, cómo se formó, cuándo la descubrieron, un mar de preguntas.

Decir selva

Si pienso en la palabra selva siento una mezcla de cosas: intriga, curiosidad, miedo. La palabra tiene fuerza por sí sola, es penetrante. De solo pensarla se me vienen varias cosas a la mente: bichos, serpientes, animales en peligro de extinción, animales peligrosos, misterio, National Geographic, Tarzan.

Cuántos de nosotros saben lo que realmente pasa cuando cae el sol en una selva. Incluso sobre nuestros pares que viven por ahí, como si todo nuestro mundo no existiera.

Solo dos veces he estado cerca de la selva, en toda mi vida: en Iguazú y sus parques, en Villa Tunari (Bolivia). Pero pasar la noche en plena selva, escuchando los ruidos ahí fuera, nunca.

La llegada y primeras impresiones

Las primeras noches en la selva fueron en ciudades, primero Tingo María y después Pucallpa. Aunque esto no es la misma experiencia que dormir en plena naturaleza, el ambiente era otro. Veníamos de Huaraz, donde las temperaturas rondaban los diez grados de noche, y pasamos a un clima pesado. Fue como ir desde Argentina en avión y descender en un aeropuerto del caribe. Sentir que el aire te empuja para atrás, que cada paso cuesta, pesa.

“El clima de la selva es así, es melocoso, decimos acá, como pegajoso”. Me decía Leila en Tingo, poniendo en palabras lo que estaba pasando en mi cuerpo, mí remera ya era parte de él. “Pero en Pucallpa es peor e Iquitos la ciudad más caliente”. Tanto era el calor de Pucallpa, que por primera vez en mi viaje no salí a recorrer la ciudad.

La primer noche en Pucallpa nos quedamos en la casa de R, un Couchsurfer (*).

Cuando cayó la noche, los bichos empezaron a aparecer –y a aterrarme-. Así fue que dos cucarachas me estaban esperando en el baño cuando quise ir a lavarme los dientes. Y una araña grande, muy grande –patona y alta- se metió a nuestra habitación cuando íbamos a dormir.

Con la araña todo bien, podía dormir por más grande que fuera. Pero las cucarachas, por favor. Pegué un grito cuando salió caminando entre mis pies una de ellas. Y es que tengo ese problema con este bicho, grito aunque tenga gente alrededor y quede como una estúpida. No puedo reaccionar de otra manera.

En conclusión, cucaracha 1 Eve 0. Un pésimo comienzo.

La previa a embarcar

Habíamos llegado un lunes a Pucallpa, con la idea de dormir dos noches e irnos. En el camino tomamos un mini bus, desde Tingo María, porque hacer dedo bajo el sol con 35 grados y 40 de sensación térmica es una misión suicida. Que obviamente intentamos y fracasó.

En el mini bus iba un chico que nos aclaró “La lancha que va a Pucallpa sale cada martes” (acá le dicen lancha al barco de cuatros pisos). Así que, pensamos, nos vamos mañana.

Cuando llegamos a la casa de R, nos acompañó a ver las embarcaciones. Para ir a Iquitos desde Pucallpa en barco no hay una opción turística, solo barcos de carga. Había dos que estaban siendo cargados, y por cargar me refiero a todo aquello que se puedan imaginar. Un camión llenó de helados, frutas, verduras, latas, bolsas de cemento, pollos, un auto, gente, etc.

El viernes también salía la lancha rápida del Henry (un día y medio): asientos como de un bus en una larga fila, televisión, entretenimiento, y segundo piso de fiesta, nos dijo la chica de la oficina, mientras nos mostraba las fotos que había en Google. Lo miré a Fabi con cara de yo a esto no me subo.

Él puso la misma cara cuando vio el Henry opción lenta. Porque con camarote o sin él no hay lujo.

Subimos entre cargueros, los hombres que cargan cosas en sus espaldas, otro trabajo muy duro de ver. Cargan hasta refrigeradores en sus espaldas. Les pagan 300 soles por container descargado, que normalmente lo descargan entre tres. Las compuertas del subsuelo estaban abiertas, y el carguero tiraba la mercadería abajo, mientras otro la recibía y se la pasaba a alguien más. Nunca había visto algo así. Es terrible que con ese calor aplastante personas estén haciendo ese tipo de trabajos.

La forma de sostener la carga es enganchándola en la frente
Sólo grandes cosas, como autos, son trasportadas por la grúa

Buscamos al encargado, que estaba sentado en una mesa controlando unos papeles. Sobre la misma había una navaja y una cuchilla que no se encuentra en una cocina. “Este sale hoy y no hay camarotes, pueden ir a fijarse al 7”, nos dijo como despachándonos.

R quiso que igual viéramos los camarotes para tener una idea. Y no sé qué esperaba Fabi, tampoco sé si yo ya me lo imaginaba, pero cuando entramos al primero se dio vuelta con la cara desfigurada. Claramente no era el camarote de Rose en Titanic, estábamos en un barco de carga. Pero queríamos ir en camarote porque con mi alergia a los mosquitos pasar la noche a la intemperie no era una opción.

Básicamente es una caja blanca de lata de un metro por tres, con un inodoro que nunca se ha limpiado, dos cuchetas y dos ventanitas con cortinas en la misma situación que el inodoro. Dentro hacía mucho calor, como si fuera un sauna. Pero todos coincidían que a la noche iba a estar fresco.

Le aclaré a Fabi que yo iba en barco con o sin él, que si quería volar nos encontrábamos allá. Lo consultó con la almohada, y no al cien porciento seguro me dijo que venía conmigo.

***

Volvimos al barco al día siguiente para verlo a Alex (el encargado del Henry 7, que era más joven que yo) para señarle el camarote. “Vengan ese día directamente, quizás salimos el viernes”, nos dijo.

Cuestión que salíamos el jueves o el viernes. Y el miércoles nos avisa Alex por WhatsApp que seguro salíamos el sábado. A seguro se lo llevaron preso, decimos en Argentina. Y si algo ya había aprendido en este país es que las cosas no están programadas, que una se apura para llegar a tiempo y después te quedas esperando durante horas. Por eso, incluso, prefiero hacer dedo (autostop) y esperar en la ruta.

Llegó el viernes y a mí algo me olía algo mal. A Alex no le llegaban los mensajes y mi cabeza –que siempre juega en mi contra- empezó con preguntas tontas como “¿y si ya se fueron y perdimos la opción rápida? ¿y si no sale tampoco hoy? ¿y si no quedan más camarotes?.

Hasta que no llegamos al puerto y vi al Henry 7 en el río, hasta que Fabi no bajó del barco y levantó el pulgar en señal de todo está bien, yo no me tranquilicé. Ahora empezaba la aventura…

Mi cama durante las próximas cinco noches

(*)  persona que te aloja a través de Couchsurfing-, una plataforma para hospedar y ser hospedado sin dinero de por medio, sino que el intercambio es cultural y social.

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